martes, 19 de enero de 2016

Este blog llega a las 2000 entradas y recibe 1.300.000 visitas




Siento mucha gratitud por tu atención. Te has asomado a este blog y has permitido que comparta contigo ideas, reflexiones, imágenes, poesía... Cada día trato de aportar alguna pista con la intención de transmitir una pequeña luz.

Tengo claro que he recibido mucho. Han sido muchas las personas, profesores, familiares y amigos que durante los años de mi vida han aportado lo mejor de sí mismos para formarme.

Tengo claro que como médico me debo a mis pacientes y a la sociedad. Desde mi consulta llego a unos 2000 pacientes, desde este blog he llegado a miles de personas que con sus 1.300.000 visitas lo convierten en una casa habitada.

Espero que entre la paja de las 2000 entradas producidas encuentres alguna aguja que te permita hilvanar mejor la urdimbre de tu vida.


Muchas gracias.




No sé quien soy,
Versos, palabras, viento...
Nubes que pasan.







lunes, 18 de enero de 2016

Salumagia







Hace unos meses se me ocurrió regalar a mis hijos algo especial en Navidad. Estaba cansado del ritual de compra compulsiva de regalos que terminaban abandonados más pronto que tarde. Tuve la idea de regalarles un libro, pero en esta ocasión escrito por mí. Me puse la tarea y es lo que encontraron bajo el árbol.

Esta pequeña aventura me ha permitido contactar profundamente conmigo mismo. Tratar de sentir lo que me gustaría transmitir a mis hijos y escribirlo en un formato entendible. Condenso ideas y poesías que dispongo ante ellos como semillas lanzadas en un campo. Si prendieran unas pocas sería suficiente.

Dado que este libro ya ha cumplido su misión he decidido hacerlo público por si puede aportar pistas y beneficiar a otros.


Como médico de familia con consulta en el sistema público considero que conozco bien al ser humano y a la sociedad en la que vivimos. Hay mucho sufrimiento, cada vez más. Trato de ayudar aportando ciencia, arte y sentido común. Muchas veces no es suficiente. Por eso estoy totalmente convencido de la necesidad de recurrir a la poesía, la belleza y la narrativa. Este libro es un intento más.

Salumagia es el arte de aportar salud y presente a lo que la vida nos ofrece. Recuperar la parte mágica de la vida y volver a nuestra verdadera casa, que es el presente, son las motivaciones de este proyecto. Markus Rivendel es un alquimista medieval, será él quien nos guíe por este mundo intemporal que todos los seres humanos llevamos dentro.

Muchas veces se ha intentado hacer una hoja de ruta de la vida, este libro trata que tú hagas la tuya. Si te ayuda a retomar tu camino habrá valido la pena.




Te doy las gracias por tu interés y por tu ayuda para difundir la noticia.




   salumagia@gmail.com



 El libro estárá disponible en formato e-book el día 23 de Enero en Amazon
Dentro de un mes lo tendremos en edición papel en la misma tienda.



domingo, 17 de enero de 2016

Relato dominical: Los domingos.





Las fiestas se dejarán de santificar cuando así lo decidan los mercados. De momento parece que las ventas van bien y no está la cosa amenazada pero, nunca se sabe, esto puede cambiar. Lo cierto es que unos cuantos hace ya tiempo se quedaron sin domingos de asueto con jornadas laborales continuas de incontables horas semanales. Los pueden ver en tiendas que no cierran o en oficinas que no apagan sus luces. No tengo los datos pero parece que cada vez hay más. La secularización de las sociedades avanzadas no entiende de milongas y el dios dinero es realmente expedito, gusta de rentabilizar cada proceso y no atiende a razones fuera de los balances. Una de las ventajas de las viejas religiones era que reservaban un día semanal para el descanso, pero es ya poco lo que queda de ellas y estos detalles también van cayendo en olvido. Lo más probable es que nos aboquemos a la semana laboral completa y los comercios tiendan a mantenerse abiertos noche y día para que se pueda consumir cuando se pueda. No sé si el cuerpo aguantará pero lo que sí tengo claro es que donde manda capitán no manda marinero y en este barco las cosas están cambiando a una velocidad de vértigo.








viernes, 15 de enero de 2016

¿Qué hay de lo mío?




Las sociedades de base protestante del norte de Europa y la estadounidense favorecen la libre competencia y el beneficio de aquellos que trabajan, tienen ideas o destacan en su profesión. Las del sur de Europa no. Es un tema cultural que entronca con los valores y la ética. En nuestro medio es mucho más difícil destacar al ser la envidia un potente pecado capital.

Ayer en consulta atendí a un paciente pensionista con un catarro. Al despedirse me comenta en la puerta con ironía que está contento porque le han subido la pensión un 0.75%, terminando la frase con un contundente: "Me avergüenzo de ser español". El problema es que bastante gente se avergüenza de lo mismo y para algunos, entre los que me cuento, es causa de dolor en muchas ocasiones.

La realidad es que somos un país pobre que por la dureza de su historia no ha aprendido el significado de la palabra respeto. Eso favorece la guerra eterna de moros contra cristianos, madridistas contra culés, y todas las Taifas contra todas. Así es difícil progresar hacia ninguna parte.

El sistema sanitario español no se libra de esta lacra. Dividido en diecisiete Taifas ha sufrido de manera diversa la marea de la crisis pero no ha conseguido resolver su propia debacle.













Dentro del sistema sanitario vemos lo mismo que fuera del mismo: todos gritando "¿Qué hay de lo mio?". Unos quieren visibilidad, otros reconocimiento. Aquellos más apoyos, todos más presupuesto.

Estamos acostumbrados a luchar para reclamar más pero no a reflexionar y dialogar para priorizar lo más importante. Tal vez por eso la ética no termine de ser muy popular. Lo cierto es que sin ella y sin unos valores claros no es posible organizar ninguna sociedad ni los sistemas que dependen de esta.


jueves, 14 de enero de 2016

Supernanny: la revolución que el sistema sanitario español está esperando






Tras miles de horas de lectura y reflexión llego a una conclusión que desbarata mis elaboradas concepciones de gestión sanitaria. La solución a la crisis del sistema sanitario público español, que ha tenido pensando durante lustros a las mejores mentes del reino, me vino ayer a la mente de forma totalmente fortuita.

No necesitamos nuevos sistemas de gestión, líderes ímprobos, adalides del big data ni maestros de la innovación. No serán necesarios algoritmos matemáticos de complejidad, teoría de juegos o informática avanzaba. Tampoco hipertecnificar más el sistema. Ni siquiera invertir mayores recursos, no es cuestión únicamente de dinero.

Nos hace falta una Supernanny que visite una a una todas las unidades y servicios empezando por aquellos más desordenados y bloqueados. Cada unidad de gestión muestra diferentes niveles de caos, desunión, escaqueo, pérdida de eficiencia y sobrecarga. Lo habitual es que los de tal estamento no hablen con los de tal otro, que unos no quieran hacer algo porque no es su función, que otros lo hagan sin tener obligación de hacerlo... Bueno, ya saben de lo que hablo.

Supernanny es una figura televisiva que ayudaba a familias en apuros cuyos hijos mostraban una generoso espectro de conductas y actitudes, digamos, desordenadas. Eran ejemplos reales que compartían una única condición: la situación en casa era insufrible.

Nuestra querida nanny hacía siempre exactamente lo mismo: ponía unas normas (parcialmente consensuadas) y unas consecuencias, si no se cumplían. Su misión durante unos días era ayudar a que las consecuencias se cumplieran. Nada más.

Llevo décadas trabajando (duro) en atención primaria. He visto el funcionamiento de decenas de equipos hospitalarios y en centros de salud. He visto cientos de pliegos de normas. Pocas veces me he encontrado lugares donde hubiera alguna consecuencia por hacer algo mal o directemente por dejar de hacer algo. Centros de salud donde los administrativos citan toda consulta administrativa que llega como "urgencia", jefes de servicio permamentemente "missing", enfermeras de primaria con un mes de lista de espera para cita, médicos que llegan sistemáticamente una hora tarde, gestores que jamás salen de su despacho... no sigo.

En mi centro de salud no necesitamos un director necesitamos una Supernanny, como probablemente la mayoría de equipos. Y si me apuran también vendría bien en los colegios, empresas, organismos diversos; incluso en el Congreso de los diputados.

Ya ven, la solución era mucho más sencilla de lo que creíamos. Ahora bien, si consiguen encontrar una Supernanny cuéntenmelo pronto, que ganas tengo de ponerme a trabajar con ella.











miércoles, 13 de enero de 2016

¿Ser flexiteriano mejora la salud?





Los flexiterianos son aquellos que sin llegar a ser vegetarianos tratan de hacer ajustes en su dieta cárnica. No comen carne antes de las 18 horas y la toman en cierta proporción. Ya ven, una moda más.



No hay datos que orienten a que estos ajustes mejoren la salud. La verdad es que no hay evidencias sólidas tras ninguna dieta incluida la vegetariana; es demasiado complejo de medir. 



Lo que sí les puedo sugerir es lo siguiente:



1. Coman lo que coman presten más atención.

Comeremos lo que necesitamos si estamos a lo que estamos. Comer en piloto automático, viendo la televisión por ejemplo, hace que consumamos más cantidad y calorías de las necesarias. Disfrutar de la comida, paladearla, estar presentes cuando comemos, tiene muchas ventajas.

2. Comer menos alimentos procesados y más alimentos frescos es de sentido común.

3. Un poquito más de vegetales y un poquito menos de proteínas y grasas animales suele ser beneficioso para la mayoría. 



Con la comida hay que disfrutar y no "rayarse". En este tema es muy frecuente derrapar.

martes, 12 de enero de 2016

Lo mejor de uno mismo



Retrato de una joven. John Evertt Millet




 Está esperando
desde el principio:
tu propia luz.




La excelencia y la virtud no deberían ser tan solo objetivos empresariales. En estos tiempos de tiranía del mercado, potentes fuerzas tratan de meterse en lo más íntimo de nuestras vidas. La exigencia de rentabilidad, ganancia y lucro contaminan muchas de nuestras playas interiores con un chapapote denso que nos ahoga poco a poco.

El ser humano es un animal salvaje. Siglos de domesticación no han conseguido domeñarlo del todo. Queda un resto de instinto, de libertad, de pura creatividad. Llevamos un niño dentro, llevamos un salvaje; afortunadamente.

Esa parte escondida, relegada a oscuros armarios en la profundidad de nuestras bodegas, cargada de cadenas en muchas ocasiones, puja por salir a superficie. Puede hacerlo de forma incontrolada y producir dolor, sufrimiento  y horror o ser liberada suavemente y emerger con pasión, los mejores poemas o incluso sinfonías.

Lo mejor de uno mismo merece ser vivido y compartido. Lo necesitamos para encontrar sentido, lo necesitan los demás para seguir viviendo.

Atrevernos a ser nosotros mismos es un potente mensaje comercial pero también un profundo reto del que depende el rumbo del tiempo que da forma a la vida cotidiana. Encontrar el equilibrio entre la parte domesticada y la salvaje permite acceder a un nivel de existencia más humano, pleno y armónico. Un piano puede permanecer silente o por el contrario en sonido constante, pero será en la suave alternancia de notas y silencios donde encontraremos la belleza.

Lucha por esa belleza con todas tus fuerzas. No tendrás que forzar nada ni atacar, basta con preguntar quién eres y acostumbrarte a vivir en paz con la respuesta.










lunes, 11 de enero de 2016

África



domingo, 10 de enero de 2016

Relato dominical: La tertulia










Los primeros años en la universidad me regalaron momentos memorables. Uno de ellos tuvo lugar en la calle Encomienda de Madrid dónde vivía Klaus, uno de mis mejores amigos, que con el tiempo llegaría a ser un reputado neurocientífico. Se celebraba esa tarde una fiesta-tertulia a la que habíamos sido invitados un exclusivo grupo de ilustres promesas en diferentes campos. Recuerdo que llegué acompañado de dos esculturales amigas por lo que fui cordialmente recibido. También recuerdo con precisión la cara de asombro que se les puso a los presentes cuando hice entrega al anfitrión de mi regalo. No era preceptivo llevar ninguno, dado que no se celebraba cumpleaños u onomástica alguna, pero me hizo ilusión llevar algo original. Avancé el brazo y le hice entrega de un ladrillo que me tomé la molestia de coger en una obra cercana. Klaus lo aceptó con incredulidad y tras observarlo un instante lo puso en un lugar de honor de la sala. Al poco ya lo habíamos llenado de velas y objetos imposibles que lo transformaron en un altar de culto. La tertulia versó sobre lo divino y lo humano y al finalizar mis acompañantes me seguían mirando con incredulidad por lo que habían vivido esa tarde. Ambas venían de esferas alejadas a ese mundo bohemio y disruptor. Les dí por respuesta una sonrisa, nunca más volvieron a estas tertulias pero sé de seguro que mientras vivan no olvidarán semejante velada.

jueves, 7 de enero de 2016

Propósitos de año nuevo





Los gurús vaticinan predicciones para el año mientras los ciudadanos de a pie tratamos de ordenar un puñado de propósitos para el tiempo que empieza. Lo curioso es que el tiempo, si lo miramos bien, no empieza ni acaba nunca. Esto hace innecesario tanto los propósitos como las predicciones.

Lo porvenir suele agobiar a muchos, el pasado pesar a otros tantos. ¿Cómo escapar de estas penosas trampas? Les animo a que miren un rato a unos niños pequeños jugando. Ese es el secreto. Para los niños imbuidos en su juego no existe nada más que ese presente. Algo que los enamorados y los poetas saben.

Si tu pasado duele por esas cicatrices que no terminan de cerrar, si tu futuro arde por el agobio que te produce la incertidumbre, respira un instante, regresa a este momento y regálate una sonrisa. Respirar lento y sonreír no cuesta nada pero tiene el poder de cambiarte el día.

Mi propósito tras esta Navidad es sencillo: recuperar la soberanía de mi presente.


La salud y otras muchas cosas importantes dependen de algo tan sencillo como esto.






miércoles, 6 de enero de 2016

¿Qué hacer ante un problema de salud?

Detalle de autoretrato. Vincet van Gogh.





Por mucho que teoricemos sobre el tema al final todos convendremos que no es deseable estar enfermos. Cuando aparece en nuestra vida cualquier síntoma molesto se acompaña de un deseo de intensidad pareja para que el primero desaparezca.

El dichoso síntoma puede ser la manifestación de una enfermedad que comprometa nuestra vida o tan solo una molestia pasajera consustancial a los desarreglos menores que el propio cuerpo  humano soluciona en pocos días.

Los cursos de acción son por completo diferentes. ¿Cómo diferenciar entre ambos?

La experiencia nos dirá si la congestión nasal o la diarrea son similares a otros muchos procesos similares que habremos pasado. Pero ¿en caso de duda?

Lo más recomendable es consultar con un médico de cabecera. Si nos conoce bien mejor. Otra posibilidad es repasar los consejos que nuestro médico nos deje en internet. Esto todavía no es muy común pero den tiempo al tiempo.



La mayor parte de las consultas obedecerán a cuestiones banales. Pero necesitamos quedarnos tranquilos. Si consulta en internet busque fuentes seguras y se ahorrará quebraderos de cabeza.










Epifanía sanitaria



La estrella de Belén. Edward Burne-Jones




Con la sanidad pasa como con los reyes magos, no nos hemos enterado de nada. Seguimos pensando que la fiesta de la epifanía se resuelve con unos magos de oriente presentes en todos los belenes del país ofreciendo sus caros regalos a un recién nacido que llegará a mesías.

En el belén sanitario es verdad que hay mucho rey y mucho mago, carísimos presentes y todavía más caros futuros en deuda del estado. Lo que parece que no queda es magia, tampoco ningún mesías fiable más allá del coro de expertos y agoreros que mucho hablan y poco resuelven.

La epifanía del sistema sanitario que contemplamos es una huída hacia adelante. "Más madera"... al modo del tren de aquella escena de los hermanos Marx en la que ceban la máquina de vapor con la propia madera del vehículo. Más consultas, más operaciones, más fármacos, más tratamientos en menos tiempo, con menos demora, más barato si es posible.

El sistema sanitario no puede remedar la epidemia de soledad que nos invade. Tampoco la de falta de sentido, ni la de prisa inclemente, ni sofocar el ruído de fondo que nos asola, ni la idiocia que parece campar por todas partes.

Los pastorcillos que vemos como cada vez queda menos nacimiento y como éste se fragmenta en cada vez más porciones no sabemos dónde ir. Seguimos pasando consulta a la defensiva, temerosos de que nos vuelvan a quitar otra oveja, alguna tabla del pesebre o un trocito de estrella. Desde el palacio de Herodes se oyen fuertes discusiones y quejas. Parece que están volviendo a reorganizar la cosa. Podemos estar seguros de que se armará el belén, pero de epifanía nada de nada.









martes, 5 de enero de 2016

Contagiar estados emocionales en consulta



Alberto Durero
Estudio de tres manos, 1494–5










No solo los gérmenes son susceptibles de contagiar a otros, también las conductas, las emociones y las ideas pueden hacerlo. Si han estado alguna vez en un acontecimiento deportivo de masas saben de lo que hablo. Este hecho es bien conocido desde la antigüedad y aplicado a diversos ámbitos por ejemplo en el mundo educativo.

Los profesores siempre han tenido la capacidad de contagiar estados emocionales a sus alumnos. Algunos provocan sopor otros son capaces de entusiasmar. Sea cual sea nuestra edad también tenemos experiencia de esto. Podríamos hablar también del mundo publicitario y comercial o el de la política pero no nos extenderemos. Lo que me gustaría reflexionar hoy es si esta capacidad de contagio emocional puede tener algún (buen) uso desde el sistema sanitario.

Es común que cuando acudimos a un centro de salud u hospital lo hagamos con la preocupación que un síntoma físico ó enfermedad nos produce. Sentimientos como miedo, ansiedad, agobio son muy comunes. Los profesionales sanitarios se han caracterizado por su habilidad para normalizar y tranquilizar. En cuanto tienen la seguridad de que no tenemos un problema de salud ó este es leve nos contagian serenidad y calma, muchas veces es algo más potente y valioso que el tratamiento que pueda acompañar su dictamen. El problema estriba en que los profesionales sanitarios son humanos y su profesionalidad puede verse influida por muchos factores que modifiquen su estado emocional.

¿En qué grado se contagian estados emocionales en consulta? No lo sabemos cualitativamente pero sí podemos decir que hay efectos en los pacientes que dependen de esta variable. Los profesionales con mayor inteligencia emocional, habilidades de comunicación y modulación emocional probablemente puedan transmitir mensajes con mayor impacto y hacer sentir a los pacientes más compresión, empatía, seguridad y tranquilidad. Esta hipótesis no está demostrada pero algo me indica que es una interesante línea de investigación.

Si los sistemas sanitarios pudieran mejorar sus habilidades para contagiar estados emocionales esto redundaría en beneficio para todos. En tiempos de sobrediagnósticos y sobretratamientos, de exceso en el consumo de pruebas y pastillas parece razonable recordar que nuestras emociones también son susceptibles de cuidado y de cura, algo a lo que deberíamos dar mucho más valor. 




Hatfield, E., Cacioppo, J. T. (1994). Emotional contagion. Cambridge university press.






domingo, 3 de enero de 2016

Relato dominical: La lavandería.






La primera vez que fui a la lavandería del hospital era apenas un residente primerizo. Seguí las indicaciones y acabe encontrando la puerta en el sótano del edificio de la que emanaba un tenaz y agradable aroma a ropa recién planchada. La luz entraba por unos tragaluces en la parte superior de las paredes llenando la estancia con una suavidad que agradecían los ojos en un espacio lleno de ropa blanca y verde sanitario colgada con infinito orden y pulcritud en incontables percheros metálicos que las operarias desplazaban a placer sobre sus pequeñas ruedas. Me recibió la gobernanta y en seguida dio instrucciones para que me facilitaran las tres batas y pijamas reglamentarios así como un par de zuecos de mi talla, sus asistentes completaron el pedido con diligencia mientras admiraba el modo militar en que se desplazaban con eficacia por aquel laberinto de ropa limpia. Descubrí en ese mismo instante que me encontraba en un lugar especial, mitad cuartel, mitad fábrica, en el que estaba predestinado a convertirme en médico, fuera eso lo que significase. De momento ya tenía el hábito, ahora sólo hacía falta encontrar al monje.